A diez años de la paz en Vieques

25 Apr

La violación de derechos humanos en Vieques no ha terminado.
Perfil de Autor Por Josefina Pantoja Oquendo
Publicado: martes, 23 de abril de 2013

Catorce años atrás el viequense David Sanes perdió la vida en su espacio de trabajo cuando la Marina de Guerra de Estados Unidos lanzó una bomba en el lugar equivocado. Sanes laboraba como guardia de seguridad de una compañía privada contratada para prestar vigilancia en los terrenos ocupados por el cuerpo militar. Ese trágico incidente fue el detonante que fortaleció la lucha que por décadas los habitantes de la Isla Nena libraron para recuperar su libertad y el derecho a vivir en paz. Con estrategias de desobediencia civil pacífica, activismo continuo, una solidaridad inquebrantable y unitaria por parte de la población de la Isla Grande, ocurrió lo impensable. El 1 de mayo de 2003, la poderosa Marina fue expulsada de Vieques. Cesaron las explosiones que atormentaban a la gente, la aborrecible presencia de los militarotes dejó de retar a la ciudadanía y la imagen de David venciendo a Goliat se hizo realidad.

Aquel evento y consenso nacional que lo produjo, ha sido invocado por las organizaciones de base comunitaria y por la sociedad civil en luchas posteriores por la defensa de los derechos humanos, como fue el caso del gasoducto y el referéndum con el que se pretendía eliminar el derecho absoluto a la fianza, en las cuales el Pueblo también prevaleció. Transcurrida una década desde entonces, la ciudadanía viequense se dispone a conmemorar su triunfo. Una jornada de actividades que se extenderá del 1 al 4 de mayo nos hará revivir el recuerdo de los campamentos de desobediencia civil, los piquetes y marchas, tanto en la isla municipio como en la más grande del archipiélago; los juicios de las cientos de personas que cumplieron cárcel, las vigilias frente a la cárcel federal de Guaynabo, el desafío de los pescadores en sus pequeñas lanchas frente a las grandes embarcaciones de la Marina. Todavía miramos con asombro el extraordinario apoyo boricua en Estados Unidos, así como el respaldo internacional al fenómeno pocas veces visto que estaba ocurriendo en nuestra Isla. Un municipio pequeño, cansado de ser pisoteado por la Marina de Guerra de la nación considerada como la más poderosa del mundo, enfrentando a su opresor, sin miedo, con la valentía que inspira el respeto por la dignidad propia.

Sin embargo, la alegría que concede el recuerdo del triunfo, no puede obviar una dolorosa realidad. La violación de derechos humanos en Vieques no ha terminado. La secuela de los efectos ambientales causados por las prácticas militares durante más de seis décadas, se evidencian en las precarias condiciones de salud de la población. Las estadísticas de cáncer siguen disparadas y desproporcionadas con relación a las de la Isla grande, así como los índices de contaminación de diferentes metales peligrosos siguen siendo muy preocupantes. El gobierno federal insiste en que la incidencia de cáncer y otras enfermedades en Vieques no guarda relación con los abusos que cometió la Marina. Los estudios de las y los profesionales de la Ciencia en Puerto Rico demuestran lo contrario. Todo esto se agrava con la metodología escogida por Estados Unidos para limpiar los terrenos de las bombas y otros explosivos que utilizaron en sus prácticas. Han usado la menos costosa, aunque sea la más contaminante, en perjuicio de la población.

Para colmo de males, los servicios de salud que el gobierno de Puerto Rico le está ofreciendo a la población reflejan prácticas discriminatorias. El Centro de Salud carece de materiales e instrumentos necesarios, así como de máquinas especializadas para hacer estudios. Tampoco el Departamento de Salud envía especialistas para atender a la población que tiene que trasladarse a la Isla Grande con condiciones adversas en el mar y un sistema de transportación de cuestionable eficiencia. La falta de sensibilidad y compromiso de las doctoras y doctores contratados por la administración gubernamental es una queja reiterada de pacientes y sus familiares.

El pasado 19 de abril, en ocasión del aniversario de la muerte de David Sanes, un grupo de compañeras y compañeros nos manifestamos en la plazoleta de Centro Médico, a donde con frecuencia la gente de Vieques tiene que viajar para recibir diálisis, radio o quimioterapia o para ser atendidos por especialistas en cardiología, nefrología, urología, por condiciones que sufren de forma desproporcionada. Marchamos hasta el Departamento de Salud para reclamar atención de calidad a las necesidades de salud de la población de la Isla Nena, donde representantes del Secretario de Salud nos recibieron. Las portavoces del grupo fueron tres compañeras de Vieques quienes, precisamente, estaban haciendo gestiones con la Fundación Susan G. Komen para que sus compueblanas puedan hacerse las mamografías sin tener que viajar. Una vez más fue conmovedor escuchar sus relatos sobre las zozobras que enfrenta la población y las vidas que se pierden por el mal servicio de salud que reciben.

La querida compañera Carmen Valencia, una de las lideresas de la Alianza de Mujeres Viequenses, narró la odisea que vivió su familia cuando su esposo sufrió una caída que le causó una fractura, la cual no fue diagnosticada por varios días. La doctora le prescribió un medicamento para el dolor y lo envió a su casa. Cuando su condición empeoró acudieron de nuevo al Centro donde encontraron que no se podían hacer las placas. Tuvieron que recurrir a uno de los pocos médicos con práctica privada en el pueblo. Después de examinar al paciente encontró que su condición era de cuidado y había que trasladarlo a la Isla Grande, pero ese referido para que se le proveyera transportación área de emergencia, sólo podía ser autorizada por el doctor o doctora que estuviera en el Centro de Salud. El esposo de Carmen llegó a Puerto Rico, pero como tenía otras condiciones de salud que complicaron el cuadro mal atendido, falleció. Había transcurrido demasiado tiempo.

La valiente Carmen, maestra retirada y excelente modista, quien dedica sus energías a buscar servicios de salud para la población viequense con una dedicación admirable, no pudo hacer nada por su esposo. Oír su voz entrecortada por el llanto, pero indignada y firme en el reclamo de que no se discrimine contra la gente de Isla Nena, para quienes invocó el mismo derecho a servicios de salud que tienen las y los residentes de este lado del mar, nos hicieron cobrar conciencia de que la lucha en Vieques continúa.

Aunque debemos sentir orgullo de la hazaña lograda diez años atrás, queda un largo camino por recorrer y como hicimos con más intensidad a partir del 1999, nos corresponde seguir apoyando desde acá y también desplazándonos allá, las iniciativas de las compañeras y compañeros de Vieques para que se respeten y se les garanticen sus derechos humanos. De las cuatro Ds invocadas durante la histórica jornada para detener los bombardeos y sacar la Marina, tres siguen teniendo vigencia: descontaminación, devolución de terrenos y desarrollo económico. La desmilitarización se logró, gracias a la voluntad del pueblo de Vieques y el de Puerto Rico.

Tantos años para reivindicar su derecho a vivir en paz, requieren que esa paz sea con justicia. Nos vemos en la querida Islita del 1 al 4 de mayo.

http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=29C9725FA58C4E8E6C6D8BD05C9033C5

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