Tras un Vieques glorioso

13 Mar

13 de marzo de 2013

http://www.elnuevodia.com/columna-trasunviequesglorioso-1467853.html

Tras un Vieques glorioso

ARTURO MASSOL DEYÁ

Pensar en Vieques es pensar en una isla abusada y perseguida por un nefasto pasado militar. Se trata de una zona de guerra simulada con 60 años de uso, a lo que se suman ahora 10 años más de mal manejo de su vulnerable condición. Simulada fue la guerra, pero los daños son reales.

Mirar a Vieques es examinar la escena de un crimen con un gatillero evidente, pero donde el silencio de las agencias de Gobierno encubren al responsable. Resulta irónico que nos quejemos de que la ciudadanía no coopera en dar información para el esclarecimiento de los crímenes, cuando en el crimen perpetrado contra Vieques la información en poder de las agencias sobra.

Herida de muerte, con incidencias de cáncer que van por encima de lo esperado, el cese del bombardeo no se ha traducido a un mejor ambiente, desarrollo o mejorías en la salud pública. Tampoco se hizo justicia al restituir el terruño a sus dueños naturales. No, no ha ocurrido lo esperado. La Marina no se fue de Vieques. Los bombardeos siguen hoy, disfrazados de un velo que ellos llaman “limpieza”.

¿Qué ha pasado tras un glorioso primero de mayo de 2003, a 10 años del cese militar? Ostentada por la Marina de Guerra, la titularidad de las tierras expropiadas fueron transferidas a otra entidad federal, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre. En lugar de estabilizar las heridas ambientales, la decisiones administrativas por parte de agencias locales y federales siguen promoviendo dispersión de contaminantes en lugar de limitar los daños al lugar de impacto.

Sus actividades –o ausencia de ellas– resultan en la transferencia de más daños desde el polígono de tiro al ecosistema abierto. Parece mentira que se maneje la herida ambiental de esta manera. En lugar de prevenir el “desangramiento” mortífero y la estabilización de un herido de gravedad, se permite la quema abierta de una vegetación que acumula por vía biológica tóxicos y, luego, se detonan las bombas a campo abierto cuando existen tecnologías alternas como cámaras de detonación cerrada. Añadamos además la hemorragia de contaminantes lanzados al mar por la apertura irresponsable de la Laguna Anones. Así, dan la espalda para no mirar los daños críticos causados al ecosistema marino. ¿Qué esconden? ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué?

Mientras dedican el esfuerzo y dinero a remover bombas en tierra que no adelantan mucho la remediación del lugar, se hacen de la vista larga ante los verdaderos problemas. Las prioridades están cruzadas. Lo que ellos llaman “limpieza” es realmente una medida de reducir “liability”. Eso es lo que guía su toma de decisiones. No son principios de restauración ecológica, ni la intención de reducir los riesgos a la salud pública. Ese vacío en la toma de decisiones representa una vergonzosa permisividad local de un crimen en progreso con alcance regional. La Marina sigue allí cometiendo crímenes ambientales y ahora, al terror a ellos, se suman otras miradas de complicidad.

Las agencias que deben velar por la salud y el ambiente observan todo, como si se tratara de un gran experimento. Cuestionan tímidamente para el récord público, pero no hay intervención para hacer las cosas bien, ni para exigir rendición de cuentas o para corregir de corazón el daño ocasionado.

Por otro lado, los mal llamados “representantes” de la comunidad en el proceso de “limpieza”, más que delegados del pueblo, se convierten en cómplices de la maldad. No informan ni buscan maneras de comunicar lo que ocurre, no consultan y, peor, parecerían hacer relaciones públicas a los responsables de la destrucción. Sus explicaciones son superficiales y sus posiciones mediocres e irresponsables.

Estas prácticas han representado la quema de cientos de acres y explosiones abiertas de más de 38,000 municiones en los últimos tres años. ¿Dónde quedó la consigna de “Ni una bomba más”? Hoy sigue el cáncer acechando, el deterioro social reclama sus víctimas, mientras las promesas de desarrollo quedaron en eso, en promesas. ¿A sembrar la tierra contaminada? ¿Queda pesca? ¿Ayuda este manejo al turismo de la isla?

Con una reducción del 90 por ciento de la pesca en Vieques en los últimos 10 años –según cifras oficiales del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales–, el panorama viequense luce sombrío. He aquí una agenda inconclusa sobre un tema vital, que antaño logró consenso nacional, pero que hoy sólo se levanta en la discusión pública como ejemplo de un pasado participativo glorioso. Como si nuestro Puerto Rico pudiera darse el lujo de vivir de glorias pasadas.

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