Intenta la Marina zafarse de responsabilidad en limpieza del desastre ambiental en Vieques

13 Mar

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Noviembre 2, 2012
Comunicado de Prensa
Enviado por: Colectivo del Monte David

Fecha: 31 de octubre de 2012

 

Casi una década después de que los puertorriqueños sacáramos a la Marina de Guerra de Estados Unidos de nuestra Isla, los viequenses todavía sufrimos los estragos de las actividades genocidas de los militares. La epidemia del cáncer continúa causando estragos. La epidemia de la droga, que comenzó bajo el ala protectora de los mismos militares que impedían que los pescadores nos ganáramos decentemente nuestros sustentos, corroe nuestra juventud de una manera abominable. La agricultura ha desaparecido, y la pesca —que llegó a ser una actividad económica vigorosa— está a punto de desaparecer.

A unos días de las elecciones, los viequenses conocemos en carne propia que este carnaval que despilfarra tantos recursos del pueblo, no sirve para otra cosa que para distraernos, confundirnos y desenfocarnos del hecho que no importa quien sea el mayordomo de turno, la finca hace tiempo que dejó de producir una sociedad de trabajo, y de esperanza de un futuro mejor para nuestros hijos. ¿Qué puertorriqueño —que no sea uno de la ínfima minoría de multimillonarios sin patria que se nutre de la miseria de este pueblo— puede decir que le estará dejando a sus hijos un mejor país donde prosperar con su familia?

Esa desesperanza tiene que causar rabia entre nosotros; rabia que sólo se resuelve en el combate incesante en contra de las condiciones que nos mantienen encadenados a una vida sin futuro.

Los viequenses tenemos razones adicionales para sentir esa rabia, y para transformarla en combate. Después de envenenar esta isla hasta causarnos una de las epidemias de cáncer más inmisericordes en todo el país, ahora los almirantes de ese infame y deshonroso cuerpo militar que lleva el nombre de U.S. Navy nos informan —con el consentimiento de sus sirvientes del patio— que se les hace muy costoso limpiar el chiquero tóxico que nos han dejado, y que completarán su trabajo de limpieza y rehabilitación de Vieques con la solución que siempre han tenido para atender su “problema viequense”: van a volver a levantar las verjas que les tumbamos. Van a volver a intentar restringirnos el paso en nuestras propias tierras, como una vez trataron de hacerlo, so pena de arresto y cárcel federal, por el delito de “trespassing”. Ahora estamos comenzando el proceso de movilizarnos nuevamente. Esas verjas no son una solución aceptable al crimen ambiental que han cometido contra nosotros. Les vamos a exigir que limpien, y se lleven la basura que arrojaron sobre Vieques. Esas verjas no se van a quedar en pie. Se las vamos a tumbar.

Es absurdo pensar que unas verjas resuelven el problema del envenenamiento tóxico. Comencemos con el USS Killen, un barco que los militares usaron para medir el efecto de una detonación nuclear sobre los buques del U.S. Navy. El USS Killen quedó tan contaminado con radiactividad que no sabían qué hacer con él, hasta que a un almirante se le ocurrió hundirlo en la costa de Vieques, a unos 20 pies de profundidad. Los pescadores viequenses somos testigos de cómo, año tras año, se expande una macabra “zona muerta” alrededor de los escombros sumergidos del U.S. Killen. El “radio de muerte” crece cada año, y se expande el círculo en el que no prospera la vida marina. Ése es el futuro que el U.S. Navy, en su arrogancia imperial, quiere que los viequenses aceptemos pasivamente.

No es el U.S. Killen solamente. La laguna Anones fue una vez una bella joya de la naturaleza viequense: un criadero de vida marina de múltiples especies, donde anidaban una gran cantidad de aves migratorias, y donde la vegetación tropical le creaba un refugio natural a una riqueza de vida animal. Hoy, la Laguna Anones es otro “punto muerto” de Vieques. Está llena de artefactos explosivos sin detonar, con los que experimentaron sobre nuestra Isla la tecnología de sus artes de guerra y muerte: combinaciones de uranios reducidos, venenos químicos, y explosivos avanzados, que hoy supuran lentamente su mortal veneno en los lodos y aguas sumergidas de lo que queda de la Laguna Anones. Con alguna periodicidad, los militares reconectan la Laguna Anones a las aguas de la Playa Carrucho, abriendo el canal que una vez taparon. Cada vez que lo hacen, la Laguna Anones vomita al mar su indigestión tóxica. Los pescadores de Vieques conocemos los efectos de ese tipo de “limpieza” auspiciada por los militares. Además de ver como se expande otra “zona muerta” bajo el mar, hemos visto como la pesca se ha reducido casi a nada en toda la región costera de ese área de Vieques.

 

Ahora, nos preguntamos, ¿quién le pone una verja al mar? ¿Quién impide que ese lento supurar tóxico de las armas de muerte enterradas, tanto en el Este como en el Oeste de Vieques, que esa infección química y radioactiva, una vez se transporta por las aguas subterráneas y llegue al mar, no afecte a toda la vida marina —y la pesca? No estamos hablando solamente de Vieques, sino también de toda la región. Las corrientes que bañan las playas viequenses alcanzan a Culebra, Fajardo, Ceiba. Naguabo, Yabucoa… Pero además, los peces, en su cadena alimenticia, migran mucho más lejos. Nadie puede impedir que el pescado que se extrae en Vega Baja sea parte de la cadena alimenticia envenenada por la Marina en Vieques. ¿Quién le pone una verja al mar?

De esa misma manera nos han envenenado las aguas subterráneas y nos han estrangulado la agricultura.¿Y qué del turismo, ese programa favorito del “desarrollo económico” de Puerto Rico para el siglo 21?

 

¿Quién atrae el turismo para la región Este de Puerto Rico, y para Vieques y Culebra, según se propague la verdad de que, lejos de limpiar responsablemente el envenenamiento tóxico que causaron, los militares entienden que salvan su responsabilidad levantando una verjas para que los viequenses no entremos a las áreas de peligro y denunciemos su crimen ecológico?

 

Si los alcahuetes de los militares en Puerto Rico —que cruzan acá solamente para inaugurar hoteles y buscar votos— piensan que los viequenses vamos a aceptar pasivamente este repugnante embeleco con el que los militares pretenden zafarse de su responsabilidad, no solamente moral, sino legal, de proteger la ciudadanía limpiando el envenenamiento ecológico que crearon, que piensen nuevamente. En Vieques se les estará cuajando nuevamente un severo dolor de cabeza.

Vieques no es un asunto de estudios ni de verjas, ni de remedios a medias, ni de parchos inservibles; Vieques es un problema del resultado de la conducta criminal del U.S. Navy, que se tiene que resolver urgentemente.

 

En las próximas semanas, pasado el carnaval electorero, cuando nuestro pueblo vuelva a recapacitar y asimilar la cruda realidad de que nada habrá cambiado, estaremos convocando en Vieques un encuentro de los veteranos de las batallas que sacaron a los militares de Vieques. La guerra por nuestro derecho a una vida digna y saludable como pueblo no ha terminado. Vieques sigue siendo la punta de lanza de las luchas por las más dignas aspiraciones de los puertorriqueños.

Como pueblo, tenemos una larga marcha hacia un futuro justo, sano y próspero para nuestros hijos. Pero como nos dejó dicho un sabio luchador: la marcha de las mil millas comienza con el primer paso.

 

¡Vamos a andar!
Carlos (Taso) Zenón
Colectivo del Monte David
Contactos telefónicos: (787) 433-7109 / (787) 741-8315 :: coreo electrónico: aleidavieques@gmail.com

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